domingo, 15 de octubre de 2017

Pedro Arico Suárez, el primer español en la Copa del Mundo

España tuvo su primera participación mundialista en Italia 1934. Sin embargo, cuatro años antes, un infatigable half izquierdo canario participó en Uruguay 1930 con la camiseta argentina.

Por PABLO ARO GERALDES

Se llamaba Pedro Bonifacio Suárez Pérez, pero todos lo conocieron como “Arico” Suárez. Nunca se supo por qué, ni él pudo develar el misterio de su apodo.

Había nacido en Santa Brígida, Gran Canaria, el 5 de junio de 1908 y llegó a la Argentina con sus padres, cuando todavía era una criatura. Cuando a los 11 años volvió con su familia a visitar las Islas Canarias no estuvo del todo cómodo, extrañaba al barrio de Boedo. Ya se sentía tan porteño como todos sus compañeros y tenía la típica pinta de reo, aunque por sus rasgos lo bautizaron “La gallega”.
En 1928 surgió en la primera división de Ferro Carril Oeste y al año siguiente inició en Boca Juniors su brillante campaña. Era un half izquierdo de juego fuerte, agresivo, muy luchador. Tanto que el famoso periodista Diego Lucero lo llamó "perro de presa".

Fue un half de esos que no lucían pero que siempre cumplían en forme impecable su tarea. Que se desenvolvía en el silencio, de incansable trajinar. Era capaz de correr hasta el lugar donde el delantero rival acercaba peligro y quitarle la pelota para inmediatamente pasar al ataque buscando líneas de fondo rivales. Parecía increíble verlo recorrer una y otra vez toda la cancha sin respiro.

Ganó 5 títulos durante 12 años con Boca Juniors, hasta que le dejó el puesto a otro ídolo: Natalio Pescia. Durante su trayectoria tuvo un duelo muy especial con Carlos Peucelle, que vestía la camiseta de River Plate, enconado rival boquense.
La Selección Argentina que debutó ante Francia.
Arico Suárez es el cuarto desde la izquierda.
Pero quizá sin saberlo fue el primer español que disputó una Copa del Mundo. Lo hizo en Montevideo, cuando se disputó la primera edición, en 1930. Debutó el 15 de julio en el 1-0 sobre Francia, en el Parque Central, y disputó su segundo partido quince días después: nada menos que la final ante Uruguay.

Al cabo de 11 partidos con la celeste y blanca, se retiró de la selección en 1934, ya como capitán.

Siguió como ídolo de Boca y sumó 335 partidos en el profesionalismo. Con el cuadro xeneize marcó solamente dos goles: uno a favor y otro en contra. Él lo contaba así: "No fui un jugador de hacer muchos goles. Hasta ahí no llegaré. En los años que llevo en Boca soy un jugador muy efectivo. Hice nada más que dos goles. Uno a Gualco, aprovechando un rebote y otro a Merello (arquero de Boca) contra Talleres. Fue un golazo. El pobre Morello me chillaba: “Y justo me lo venís a marcar a mí”. Yo le dije: “¿Y qué querés que haga? ¿No ves que el al otro no puedo?”".

A los 70 años, murió en Buenos Aires el 18 de abril de 1979.

viernes, 13 de octubre de 2017

Spidercam

Cómo se comanda la cámara que parece flotar por encima de la cancha, como si fuera una toma de PlayStation. Un invento que mejora las transmisiones y le ofrece al televidente la posibilidad de “meterse” en el campo de juego.

Por PABLO ARO GERALDES

Durante la Copa del Mundo Sudáfrica 2010 los aficionados del mundo vimos popularizada una herramienta tecnológica que mejoró las transmisiones de televisión: la Spidercam, nombre comercial que significa “cámara araña”. Pronto se adueñó de la Champions League y los partidos de selecciones jugados en los estadios más podernos. Se trata de la marca con la que se conoce internacionalmente a este gran invento, una cámara que sobrevuela el campo de juego aportando tomas que hasta ese momento sólo podían verse jugando a la PlayStation.

Algo imposible, como una camarógrafo enfocando detrás del pateador de un tiro libre, pasó a ser algo común a partir de la irrupción de la Spidercam que “flota” por encima de la cancha y sigue la acción desde adentro del partido. O recorrer la fila de jugadores mientras cantan el himno, como si estuvieran vistos desde el cielo. Pero lo que muchos se preguntan al ver las espectaculares imágenes que resultan de esta cámara es ¿cómo se maneja? ¿Hay un camarógrafo colgado del techo del estadio? ¿Cómo se desplaza a tanta velocidad para estar siempre sobre la pelota?

Primera duda despejada: la Spidercam se comanda a control remoto, desde un puesto a nivel de la cancha. Uno de los encargados de moverla acciona dos joysticks (izquierda-derecha y adelante-atrás) para posicionarla sobre la cancha. Con otro controla la tercera dimensión, es decir la altura: la sube y la baja. Pero estos mecanismos solamente mueven el enorme soporte de la cámara, una especie de cápsula (que sería la cabeza de la araña) que pesa 60 kilogramos. Además de estos comandos, un segundo operador acciona a distancia todas las funciones de la cámara: enfoque, zoom, paneo, inclinación, etc.

Si bien puede resultar sencillo comprender que una cámara se maneje a control remoto, más complicado es instalar el sistema de cableados que aguante el peso de la “cápsula” con la cámara y permita moverse de una punta a otra del campo de juego, elevarse o descender casi por encima de las cabezas de los jugadores.

La Spidercam se mueve gracias a un sistema de rieles de kevlar (una fibra artificial, ligera, robusta y con gran resistencia al calor) que le permiten ese fluido movimiento por el aire. Este cableado tiene que anclarse a las cuatro esquinas del estadio. Como si fuese una araña que se traslada por su tela, la cápsula puede desplazarse a una velocidad de hasta 6 metros por segundo, rapidísimo. Así, es capaz de elevarse hasta 50 metros de altura y de “aterrizar” sobre el césped, aunque por una cuestión de seguridad, está configurada para no bajar a menos de 3 metros sobre el nivel de la cancha, para no convertirse en un peligro para los jugadores.

El sistema consta de cuatro cables motorizados que permiten controlar toda la superficie del terreno y ofrecer así imágenes desde perspectivas inalcanzables por otros sistemas, como planos cenitales (verticales desde arriba hacia abajo) espectaculares. Ningún detalle del partido es imposible de enfocar, porque además, la cámara que se monta en el aparejo tiene capacidad de giro de 360 grados sobre su propio eje.

El movimiento de la cápsula se consigue controlando el enrollado y desenrollado de los cables, para desplazarse de manera que pueda alcanzar cualquier posición en el espacio tridimensional. El piloto que la maneja desde un costado de la cancha acciona los joysticks y estas órdenes son procesadas por el software que acciona los motores devanadores a través de cables de fibra óptica. Dos de los rieles de kevlar también tienen cables de fibra óptica tejidas en ellas para llevar los comandos a la cámara y la cápsula, y traer la señal de HD de la cámara hacia el puesto de control.

En la cápsula hay también un elemento fundamental: un sensor de giro que estabiliza el horizonte. Sin este implemento, la cámara se balancearía, inclinando la imagen y mareando al televidente.

Pero Spidercam es una marca; antes que ella existía la Skycam, inventada en los Estados Unidos en 1984. La revolución se produjo con Jens Peters, fundador de la empresa austríaca CCSytems Inc., que fue quien desarrolló el sistema Spidercam. Comenzó en 2000, cuando buscaba crear un sistema totalmente suspendido por cables para mover un dispositivo de transporte de la cámara. Su primera prueba la consiguió en 2003 y al año siguiente el sistema hizo su debut éxito en una producción de televisión en Austria.

Se asoció con la empresa alemana PMT, Profesional Motion Technology, especializada en tecnología de movimiento de la cámara. Después de algunas modificaciones inspiradas en la PMT, el Spidercam saltó a escena en recitales: Kylie Minogue en Australia, Robbie Williams en Gran Bretaña y The Police en la Argentina. Enseguida se metió en el deporte: la Copa de Europa de Natación en Hungría, los Red Bull X-Fighters en México y España, y varios partidos de fútbol internacional.

Un nuevo socio se sumó en 2007 y así se fundó la empresa Spidercam GmbH, con sede en Hamburgo, Alemania. No solamente buscaban vender su invento: también se encargan de capacitar a quienes van a manejarlo, para garantizar la mayor calidad de las imágenes y responder a las normas de seguridad indispensables.

En nuestro continente este invento va conquistando cada vez más estadios, dependiendo, lógicamente de su estructura. Al Azteca de México se le sumaron los de la Copa del Mundo Brasil 2014. En la Argentina una versión llamada XportCam sobrevuela el estadio Ciudad de La Plata, donde Estudiantes juega sus partidos de Copa Libertadores.

miércoles, 11 de octubre de 2017

12 de octubre


Hace 525 años, el genovés Cristoforo Colombo llegó con sus carabelas a Guanahani, una de las que hoy son las islas Bahamas. El almirante, por orden de los Reyes Católicos de Aragón y Castilla, volvió tres veces más a este lado del mundo y se murió en 1506 sin saber que las tierras que había pisado no correspondían a la India.

¿América? Ese nombre llegó después, gracias a un florentino llamado Amerigo di Vespucci, un navegante al servicio de Portugal cuyo nombre se tradujo al castellano como Américo Vespucio. Fue él quien dedujo que las costas descubiertas por Cristóbal Colón (ó Christopher Columbus para los angloparlantes, o Christophe Colomb para los francófonos) correspondían a un nuevo continente y no a la India. Por esta razón, el cartógrafo alemán Martin Waldseemüller en su mapa de 1507 las bautizó "América" en su honor.
Cinco siglos después, los nombres de Colón y Vespucio tienen extendidas ligazones con el fútbol, un juego que, obviamente, nunca conocieron.

Vamos a los escudos: los cuatro de arriba corresponden a clubes que incluyeron el mapa continental: Sol de América (Asunción, Paraguay), América (México), América de Quito (Ecuador) y Real América (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia).

Los homenajes no paran en los diseños y se trasladan también a los nombres: así aparecen desde un club grande y tradicional como Colón (Santa Fe, Argentina), el Columbus Crew de la MLS estadounidense y el Colón FC (Montevideo, Uruguay), a otros menos conocidos, como Barrio Colón (Curicó, Chile), Colón FC (Manabí, Ecuador) o Municipal de Colón (Panamá). Son solamente cinco de las decenas de instituciones identificadas con el nombre del insigne navegante:

Pero están aquellos equipos bautizados con el nombre que Vespucci le dejó a estas tierras al oeste del Atlántico: América. Los clubes de Cali-Colombia, Ambato-Ecuador, Río de Janeiro-Brasil y Costa Rica (por nombrar sólo a algunos) están hermanados desde sus siete letras:

La celebración de la hazaña marítima de Colón quedó plasmada en Paraguay en el club 12 de Octubre de Itaguá, que lleva como insignia la fecha en la que, en 1492, las tres carabelas llegaron a tierra 70 días después de haber zarpado del puerto de Palos. Claro que no fueron 70 días de navegación: el 9 de agosto, a seis días de partir, pasaron por las Islas Canarias y allí se quedaron hasta el 6 de septiembre.
Las rutas marítimas trazadas por Colón invitaron a otros grandes marinos a cruzar el océano. Y sus nombres también fueron tomados por clubes de fútbol para recordarlos, como Vasco da Gama, de Río de Janeiro, que homenajea al navegante portugués, el primero que llevó sus naves directamente desde Europa a la India; o Magallanes, de Chile, el equipo que celebra a otro portugués: Hernando de Magallanes (en portugués Fernão de Magalhães), quien descubrió lo que hoy recibe el nombre de Estrecho de Magallanes, y fue el primer europeo en pasar desde el Océano Atlántico hacia el Océano Pacífico. En Algeciras, España, el Club Deportivo Juan Sebastián Elcano, una institución amateur, recuerda al navegante vasco, el primero que completó la vuelta a la Tierra en la Expedición de que había comenzado Magallanes y de la que quedó al frente tras la muerte del portugués.


El 12 de octubre suele ser feriado en la mayoría de los países de América. La celebración, antes llamada Día de la Raza, recuerda la fecha en que dos culturas se conocieron, pero poco tiene de festejo: América no fue "descubierta", fue invadida y saqueada por los conquistadores.